BOLETÍN HTA

39 Boletín Hipertensión VOL 26. 2025 / 38 - 41 Antihipertensivos en la mujer minuir el consumo de sal; esta última recomendación se sustenta en la mayor sensibilidad al sodio que suele tener la mujer hipertensa (16,17). Incrementar el aporte de potasio en la dieta —cuando no existan contraindicaciones nefrológicas— también ha demostrado beneficios para el control de la HTA y de la morbimortalidad cardiovascular (18,19). Se recomienda asimismo adherir a un estilo de dieta mediterráneo (20) o a la dieta DASH (dietary approaches to stop hypertension) (21); si se bebe alcohol, consumirlo con moderación siendo la cantidad recomendable para las mujeres menor que para los varones (22); el ejercicio físico (tendría menos impacto en mujeres que en varones) (23), y no fumar. Adicionalmente, puede ser necesario disminuir el consumo de antiinflamatorios no esteroidales y, si se utilizan anticonceptivos orales, reemplazarlos por otro método, especialmente en mujeres que padecen migrañas (24). Tratamiento farmacológico Ninguna de las guías clínicas internacionales sobre HTA prescribe un tratamiento farmacológico específico para pacientes de sexo femenino o que se diferencie del que es recomendado para pacientes varones (25-28). Por esto, es un desafío intentar proponer algunas recomendaciones sobre este tópico debido a la ausencia de consensos. No obstante, en los párrafos que siguen aventuramos algunas consideraciones terapéuticas que pueden ser útiles. Si en algo hay consenso es que los inhibidores del sistema renina angiotensina –inhibidores de la enzima convertidora, antagonistas del receptor de angiotensina II e inhibidores de renina como aliskireno– están contraindicados absolutamente durante la organogénesis del embrión y feto. Sin embargo, en mujeres en edad fértil ocurre un número significativo de embarazos no planificados en que el diagnóstico se efectúa bien avanzado el primer trimestre (29). En estos casos puede ser prudente tratar a estas pacientes con medicamentos antihipertensivos relativamente más seguros ante la posibilidad de un eventual embarazo. Es así como estas pacientes podrían tratarse con amlodipino en monoterapia o asociado a un betabloqueador. Ambos fármacos, si bien no están indicados para tratar la HTA durante el embarazo, son mucho menos riesgosos que los inhibidores del sistema renina angiotensina y tienen estudios —aunque pequeños— que así lo avalan (30,31). Esta consideración es particularmente importante en un país como Chile en que nifedipino de liberación prolongada es muy difícil de encontrar y labetalol oral no está disponible, ambos recomendados para la HTA en el embarazo por las guías NICE. Vale la pena insistir en que no recomendamos amlodipino ni betabloqueadores para la mujer embarazada hipertensa, sino que los sugerimos como una alternativa previa que podría embarazarse inadvertidamente. Una vez que se conozca su estado de gravidez puede efectuarse el cambio de tratamiento a metildopa y/o nifedipino de acción prolongada. Es importante conversar detenidamente con la paciente para que esté bien informada. Dado que las mujeres hipertensas presentan una sensibilidad al sodio mayor que los hombres, es plausible que los diuréticos tiazídicos sean una buena alternativa en ellas. Con la menopausia y, en general con el envejecimiento, esta sensibilidad al sodio no hace sino aumentar. Además, dado que las tiazidas reducen la excreción urinaria de calcio benefician especialmente a las mujeres postmenopáusicas con riesgo de osteoporosis (32, 33, 34). Existe alguna evidencia experimental de que mujeres con HTA y obesidad pudieran beneficiarse relativamente más que otros subgrupos de los antagonistas del receptor mineralocorticoide (p. ej., espironolactona) asociada a otros medicamentos antihipertensivos de primera línea (9,17). Es importante enfatizar que espironolactona o eplerenona no son considerados antihipertensivos de primera línea, sino que más bien cabría la posibilidad de agregarlos a un esquema de primera línea (p. ej., losartán + amlodipino + espironolactona o losartán + hidroclorotiazida + espironolactona), en que los fármacos de primera línea son los dos primeros en cada esquema, respectivamente. En mujeres hipertensas con el síndrome de ovarios poliquísticos se sugiere el uso de inhibidores del sistema renina angiotensina asociados a espironolactona —este último fármaco posee efectos antiandrogénicos y el hiperandrogenismo es parte fundamental de los mecanismos patogénicos de este síndrome—(35). Existe evidencia sólida de que las mujeres que han tenido un síndrome hipertensivo del embarazo —particularmente una preeclampsia con características de gravedad— tienen un riesgo futuro significativamente mayor de presentar enfermedad cardiovascular (enfermedad coronaria y cerebrovascular). Por esto deben ser seguidas cuidadosamente manteniendo un óptimo control de los factores de riesgo cardiovascular con intervenciones no farmacológicas y farmacológicas cuando estas estén indicadas (36,37).

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