22 Introducción Los anticonceptivos orales (ACO) contienen estrógenos y/o progestinas, los cuales pueden afectar el sistema cardiovascular, incluyendo su impacto en la presión arterial (PA). Estos efectos dependen del tipo de medicamento, la dosis y la vía de administración. Globalmente, el uso de estos fármacos ha aumentado significativamente, con más de 150 millones de mujeres utilizándolos. Además de prevenir embarazos no deseados, los ACO se usan para tratar trastornos como alteraciones del ciclo menstrual, endometriosis y síndrome de ovario poliquístico, entre otros. Aunque la mayoría de las usuarias son de bajo riesgo cardiovascular, los cambios en la epidemiología global han revelado un aumento de este en edades más jóvenes. Por lo tanto, al considerar el uso de estos medicamentos, es crucial evaluar el riesgo potencial de desarrollar o agravar la hipertensión arterial (HTA), enfermedades cardiovasculares (ECV) y eventos tromboembólicos (1). Tipos de anticonceptivos Los anticonceptivos orales disponibles en la actualidad se dividen en dos categorías principales: las píldoras combinadas de estrógeno y progestina (oral contraceptive pills: OCPs) y las píldoras sólo de progestinas (Progestin only pills: POPs). Las OCPs contienen una mezcla de un estrógeno, generalmente etinilestradiol, y una progestina. Estas píldoras son las más utilizadas y se presentan en diversas formulaciones y esquemas de dosificación (2). La mayoría de las OCPs disponibles actualmente contienen menos de 50 microgramos de etinilestradiol, una dosis que anteriormente se asociaba con una mayor tasa de eventos adversos cardiovasculares. A lo largo de los años, las dosis han disminuido y las opciones de anticonceptivos han mejorado. Los anticonceptivos de estrógeno no orales, que incluyen anillos vaginales, parches anticonceptivos transdérmicos e inyecciones de estrógeno-progestina, tienen un impacto aún menor en la presión arterial, aunque los datos disponibles son limitados (3). Las POPs no contienen estrógenos y son una alternativa para mujeres que no pueden consumir esta hormona. Su mecanismo de acción se basa en espesar el moco cervical y, en algunos casos, inhibir la ovulación. Un efecto adverso es que aumenta el riesgo de sangrado conocido como “spotting”, además deben ser tomados a la misma hora de manera diaria. Por esta razón los anticonceptivos orales combinados siguen siendo una opción popular como método anticonceptivo. Las progestinas que se utilizan en las OCPs y POPs se clasifican en generaciones según su desarrollo histórico y propiedades farmacológicas. Las progestinas de cuarta generación, como la drospirenona, poseen características antiandrogénicas y antimineralocorticoides, lo que puede ofrecer beneficios adicionales, mejor control de PA, como la mejora del acné, entre otros (4). En la Figura 1 se resumen los estrógenos y progestágenos utilizados en las píldoras anticonceptivas orales. Los estrógenos naturales y las dosis más bajas de estrógenos sintéticos se asocian con menores aumentos de la presión arterial, y por otro lado, la drospirenona, se plantea, que tiene efectos hipotensores (1). Asociación entre hipertensión arterial y anticonceptivos Las primeras asociaciones significativas entre elevaciones de la PA y el uso ACO se describieron en la década de 1960, cuando se reportó una PA media de 170/100 mmHg, la cual se normalizaba tras la suspensión del fármaco. Es importante recordar que las dosis de estrógenos y progestinas empleadas en ese periodo eran considerablemente más altas que las utilizadas en la actualidad. A pesar de la reducción en las dosis, se observó que esta tendencia al alza en la PA continuaba en los años posteriores, aunque en mucha menor medida. Se ha observado que la presencia de factores de riesgo Hipertensión arterial y métodos anticonceptivos orales María José Hidalgo Jacob y Walter Passalacqua Rivanera Sección de Nefrología. Hospital Clínico de la Universidad de Chile. Boletín Hipertensión VOL 26. 2025 / 22 - 28
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