Arritmias en pacientes jóvenes: el desafío de prevenir antes de tratar
La fibrilación auricular aparece cada vez a edades más tempranas, mientras las arritmias ventriculares pueden debutar con muerte súbita. La ablación por campos pulsados, los marcapasos sin cables y la inteligencia artificial transforman la electrofisiología, aunque la prevención y el monitoreo prolongado siguen siendo claves.
Coordinadora del Consejo de Arritmias de la Sociedad Interamericana de Cardiología (SIAC), la doctora Laiden Suárez conversó sobre los desafíos actuales de su especialidad. Repasa los avances tecnológicos que han transformado los procedimientos de ablación, la evolución de los marcapasos y desfibriladores hacia dispositivos sin cables, el rol de la inteligencia artificial en el diagnóstico y el tratamiento, y la importancia de la prevención, el monitoreo de larga duración y el trabajo articulado entre electrofisiólogos, cardiólogos clínicos y otros especialistas.
¿Cuáles son las arritmias más frecuentes que atienden en su consulta y cuáles las más complejas de tratar?
Son las que hay a nivel mundial: la fibrilación auricular. Es una arritmia que se origina en la parte alta del corazón, llamada aurícula, y se presenta con bastante frecuencia, sobre todo en personas mayores de 50 años. Se presenta cada vez a edades más tempranas, ya que la enfermedad cardiovascular se está manifestando mucho antes y, por lo tanto, puede traer consigo estas complicaciones.
Las más complejas son las que ocurren en los ventrículos, y muchas veces debutan con muerte súbita. Son arritmias que deben ser vistas de manera inmediata y manejadas de forma oportuna para evitar el fallecimiento del paciente.
Doctora, me comentaba que hay un grupo etario que le llama la atención.
Sí, la aparición tan temprana de enfermedades cardiovasculares en poblaciones tan jóvenes como los 20 años. Esta es una tendencia que no me está gustando, porque significa que estamos trabajando poco en la prevención y más en el tratamiento, y lamentablemente esa no es la idea. La idea es retrasar los procesos cardiovasculares y su aparición temprana.
¿Cuáles serían los pilares fundamentales de la prevención?
Definitivamente, los chequeos regulares. A veces les digo a los pacientes: "Usted revisa más el carro que a usted mismo". Nadie espera a que el carro encienda una lucecita para llevarlo a mantenimiento; sabe que le toca cada cierto tiempo. Y a veces me pregunto por qué a nosotros nos cuesta tanto asumir esa misma disciplina de ir al médico, aunque no tengamos ningún síntoma. Cuando los síntomas comienzan a aparecer, ya hay situaciones que no pueden manejarse, y eso hace que el tratamiento y el diagnóstico se retrasen.
¿Cómo ha evolucionado el diagnóstico de las arritmias con la tecnología actual?
Ha sido extraordinario. Hace apenas cuatro o cinco años, un caso complejo nos tomaba casi un día entero. Con las nuevas tecnologías —nuevas técnicas de ablación, nuevos catéteres y la ablación por campos pulsados, además de los desarrollos que aún están en curso—, esto promete no solo mayor rapidez en los procedimientos, sino también mayor efectividad. Eso nos da mucha alegría, sobre todo a los electrofisiólogos, porque sabemos que la recurrencia va a ser mucho menor.
¿Qué avances en marcapasos o desfibriladores implantables destacaría en este momento?
Tenemos tecnología de punta. Cuando los marcapasos empezaron, el paciente tenía que cargar una batería del tamaño de una mesa. Ahora tenemos sin cables, del tamaño de una moneda o de una tapa de cerveza, que se colocan en el paciente y cuyas baterías duran hasta 15 años, algo que antes era otro gran reto. Los avances siguen dando frutos: ahora se están desarrollando dispositivos más complejos, como resincronizadores y desfibriladores sin cables. Tener menos "armamento" dentro del corazón, como digo yo, es una ventaja para el paciente: disminuye el riesgo de infecciones y resulta más cómodo.
¿Cómo se calcula el riesgo de un ACV en pacientes con fibrilación auricular? ¿Por qué algunos necesitan anticoagulantes de por vida?
La fibrilación auricular es la principal causa de ACV. Por eso, en un paciente que la presenta, aplicamos una escala aceptada por todas las guías internacionales de manejo de fibrilación auricular, en la que se evalúan varios parámetros: si tiene falla cardíaca, si tiene más de 65 años, si tiene diabetes, si tiene enfermedad vascular periférica —sobre todo arterial, con placas de grasa en las arterias de las piernas o la carótida—, si ha tenido un infarto o un ACV previo y si mantiene un control adecuado de sus comorbilidades.
A cada uno de estos parámetros se le asigna una puntuación. Si el paciente tiene más de un punto, ya es candidato a la anticoagulación, que es la principal herramienta para la prevención de eventos cerebrovasculares.
¿Cuál es la diferencia clínica entre una arritmia benigna y una que implica riesgo vital?
Las primeras suelen presentarse en corazones estructuralmente normales, es decir, corazones que no han tenido infartos ni problemas valvulares, y casi siempre en pacientes jóvenes. Ahora bien, toda arritmia tiene el potencial de convertirse en maligna si se deja progresar, porque mantener frecuencias cardíacas altas de forma constante puede debilitar el corazón y favorecer la aparición de las de carácter maligno.
Las arritmias malignas ocurren en pacientes con ventrículos muy dañados: personas que han tenido miocarditis, infartos, infecciones o enfermedades infiltrativas como la sarcoidosis o la amiloidosis. Estas condiciones deterioran el músculo cardíaco y pueden generar pequeñas cicatrices que hacen que los impulsos eléctricos se propaguen de manera errática, produciendo lesiones fatales.
¿Qué representa un reto adicional en estas personas?
Por ejemplo, los pacientes con insuficiencia renal, algo que vemos mucho junto con la diabetes, o pacientes con baja tasa de filtración glomerular. Esto representa un reto no solo porque son pacientes propensos a trastornos electrolíticos —que también afectan la actividad eléctrica del corazón—, sino también a la hora de medicar, ya que hay que calcular la dosis y el tipo de medicación según la condición de cada paciente. En general, cuando ya existen otras condiciones cardíacas y hay que combinar varios medicamentos, encontrar las dosis adecuadas para manejar todo el cuadro clínico es un reto considerable.
En ese sentido, la polifarmacia es un desafío muy grande, porque aquí no se trata de qué es más o menos importante, sino de lograr que todo funcione al mismo tiempo. Si se descompensa un lado, es como una casita de cartas: si se quita una carta o se coloca donde no va, todo se derrumba. Hay que ser muy preciso.
¿Qué avances espera en los próximos años para el diagnóstico temprano de las arritmias silentes?
Sin duda, los monitores de larga duración son una herramienta fundamental para nosotros. Ese paciente que dice "a veces siento palpitaciones" o "a veces me desmayo" se beneficia de monitores de larga duración, externos o internos, que representan la herramienta más importante a la hora del diagnóstico. La telemedicina y el uso de relojes inteligentes también nos han ayudado mucho. Hoy existen incluso anillos inteligentes bastante específicos para pacientes de bajo riesgo pero sintomáticos.
¿Hacia dónde cree que va la electrofisiología en los próximos años?
El infinito es la meta, porque es el área de la cardiología que más evoluciona día a día. Hoy tenemos un catéter y mañana ya tenemos otro; si ese no nos da todo lo que buscamos, aparece uno nuevo, con tecnologías cada vez más amigables. Todo se está desarrollando a pasos acelerados. La inteligencia artificial ha venido a jugar un papel fundamental en electrofisiología, sobre todo en el área de intervención.
¿Qué mensaje le enviaría a sus colegas, tanto cardiólogos como médicos no especialistas?
En primer lugar, trabajar siempre con ética. Es muy fácil perder la perspectiva cuando se trabaja en un área de intervención; la ética y la responsabilidad con los diagnósticos certeros y los tratamientos adecuados para nuestros pacientes son fundamentales.
Para los cardiólogos clínicos: nosotros no somos competencia, somos aliados. Referir a un paciente a tiempo es clave para el éxito del tratamiento; son pacientes que devolvemos prácticamente curados, con una mejor calidad de vida. Para quienes no son cardiólogos, pero son clínicos de otras áreas: cuando haya dudas o algún reto en el diagnóstico o manejo, el equipo de electrofisiología siempre está disponible para dar apoyo.
Por Carolina Julio
